Beatriz de Astorza: “En Eivissa costó mucho hacerle entender a la gente lo que era el teatro para la intervención social”

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Nombre: Beatriz de Astorza

Edad: 40 años

Nacida en: Valencia – España

Profesión: Educadora

Perfil: Le encantaba el teatro y la educación y buscó siempre la manera de unir ambos caminos, hasta encontrarla

Seguramente la pregunta más difícil para Beatriz de Astorza sea contestar ‘¿a qué te dedicas?’ porque su vida ha sido un ir y venir de cambios profesionales. Esta ibicenca, nacida en Valencia, pero llegada a la isla con apenas un mes, decidió marcharse para estudiar Biología. “Un día, pensando mucho, llegué a la conclusión de que la gente suele dedicarse en la vida a aquello a lo que jugaba de pequeño; y a mí, por ejemplo, me encantaban los animales, jugaba a que era investigadora”, pero no sólo eso, sino también: profesora y artista, “hacía mis shows”.

Esa misma indecisión de la infancia fue trasladada a su vida adulta y tuvo que pasar por muchos caminos para encontrar realmente el definitivo. Comenzó por la ciencia y trabajando como investigadora en un laboratorio, “me encantaba, de hecho, después estudié Bioquímica”, pero llegó un momento en que no terminaba de llenarle, “comencé a cuestionarme muchas cosas, no encajaba, necesitaba expandirme. Aunque la ciencia me sigue gustando, era un trabajo muy metódico e individualista”, no había hueco para la creatividad colectiva, algo que aprendió más tarde y que era lo que, hasta entonces, le faltaba.

Tuvo lo que ella denomina ‘una crisis’, básicamente un punto de inflexión en su vida en el que necesitaba un cambio con urgencia, “todo viene por una crisis”. Tenía entonces 26 años y le sucedieron dos cosas que le marcaron. “Buscando qué cosas hacer me apunté a la lista de profesores interinos, por probar algo nuevo, aunque nunca me lo había planteado”. Y, casi simultáneamente, apareció también por casualidad su gran pasión. “En Palma me crucé con una escuela de teatro y hubo algo en el cartel que me llamó mucho la atención y de repente sentí ‘tengo que probar esto’, y fue toda una liberación”.

A la vez comenzó a dar clases como biología y según afirma ‘flipó con todo’. “Lo de ser profe me entusiasmó; me encantaba explicar la biología y encontrar esa otra dimensión en la que podía compartirse y no vivirse individualmente”. Estuve unos cuantos años en Mallorca dando clases de interina. Pero aunque pasó cuatro años compaginando ambas ocupaciones sintió que eran dos mundos alejados el uno del otro y que necesitaba unirlos de alguna manera, “en los dos echaba algo en falta”. “Por un lado el teatro me encantaba pero empezaba a no gustarme la competitividad… En la educación me encantaba estar con los chavales, pero tenía que cumplir con un temario y me sentía muy encorsetada”.

Otro gran cambio la llevó a aterrizar en Barcelona, donde materializó esa unión que buscaba. “Para mí Barcelona fue el cambio de mi vida. Primero estudié allí un Posgrado de Cooperación para el Desarrollo y pensé que me daría herramientas para aplicar en la enseñanza”. Además, también se topó con la escuela Forn del Teatre per Tothom, donde aprendió teatro par la intervención social. “Era teatro para aplicar a la educación y pensé que era justo lo que había estado buscando”. Se preparó dos años como actriz y un tercero como directora de actores y supo que “era eso lo que quería hacer”, encontrando así una vía para juntar todo, “me daba herramientas para trabajar con gente joven, mayor, para mí misma… aprendí realmente a trabajar en equipo”.

Toda esta enseñanza es la que después ha puesto en práctica con el grupo que creó con otras alumnas de teatro, “formamos un proyecto, El Xiringuito, Teatre i Comunitat, que se trata de una asociación de teatro para la intervención social”. La primera obra fue en el barrio barcelonés de Cornellà en el que la gente explicaba su historia. “El objetivo es expresar emociones, pero sobre todo contar historias personales con las que otros se puedan identificar”.

Este proyecto lo han continuado cada una en una ciudad, Bea aquí en Eivissa, donde ha impartido talleres en centros educativos y junto a otras asociaciones como Dones Progressistes. “Fue duro empezar de cero porque aquí nadie sabía lo que era el teatro para la intervención social y costó que lo entendieran”. Pero a día de hoy se siente completa por haber podido por fin ligar sus dos pasiones, la enseñanza y el teatro, y quizá la clave está en que: “Siempre tengo claro que aunque haga cosas muy diferentes, si me gustan, la hago a fondo y me implico”, concluye.

LEER EN EL PERIODICO DE IBIZA Y FORMENTERA

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