Metamorfosis del Puerto de Vila

REPORTAJE por Marta Baena Sanz

Antes de ver terminadas la remodelación de la fachada marítima en el Puerto de Eivissa había demasiada incertidumbre.

Nunca se había visto una obra de tal calibre en la primera línea y los comerciantes tenían serias dudas de que estuviera terminada a tiempo. Una vez finalizó, lo más importante no era tanto el aspecto que tuviera, sino el balance de final de temporada y lo satisfechos que quedaran con el resultado los empresarios de la zona, ante lo cual se encuentran opiniones muy variadas.

Hay quienes apuntan a que antes el puerto estaba mucho más lleno de gente de lo que ha estado este verano, «se ha notado un bajón importante en el ritmo del verano», aseguraba un trabajador del segundo local que encontramos según entramos en la zona del puerto, Es Mariner. Esta opinión es también compartida por una dependienta de la tienda de Pacha Flower Power, quien ha notado un descenso del turismo, «este año es peor que otros veranos en la isla, las ventas han bajado y la gente gasta mucho menos. Tenemos las mismas mercancías y los mismos precios, pero las ventas se han reducido».

Según apuntan, hay menos turistas y más dispersos, ya que tras la retirada del vallado de cristal y el ensanchamiento de las aceras, los paseantes tienen más espacio para caminar, por eso ahora no están tan concentrados en la zona sino que tienden a disiparse por todo el paseo. «Ahora ves que muchos caminan por el tramo que va pegado a los barcos y no se acercan tanto por aquí», apunta la empleada de Pacha. Tal y como indica, son varias las tiendas por su zona que notan esa bajada de ventas y que otros años estaban mucho más llenas. Sin embargo, otros vecinos, que llevan toda la vida en la zona, ven con buenos ojos el cambio de cara que ha sufrido el puerto, como así lo indica Joaquín Manuel Senén, vicepresidente de la Asociación de Comerciantes de la primera línea: «Las obras nos dan una nueva imagen, más amplitud y limpieza. La mayoría estamos contentos. Antes los potenciales clientes se movían más hacia Vara del Rey, ahora la gente se anima a pasear por el puerto; yo nunca había visto tanta afluencia en esta zona. Las obras han sido un antes y un después».

Aún así, y a pesar de la afluencia de paseantes, muchos indican que eso no se ve luego reflejado en las ventas. Hablamos también con la dueña de uno de los puestos hippies que se ponen cerca de es Martell, quien nos comenta: «La gente ahora pasea mucho más por aquí, mientras estuvo la barrera de cristal la gente de la ciudad de Vila no venía y ahora sí que vienen porque está todo más despejado, pero el tema de la venta es relativo. Aunque haya más gente no quiere decir que se revierta en las ventas».

En lo que todos coinciden es que el turismo que ahora parece reclamar el puerto es diferente al de otros años. La gente joven tiende ahora a concentrarse en otros núcleos como puedan ser Sant Antoni o Platja d’en Bossa, y la primera línea de la fachada marítima está reservándose más para un turismo familiar. Lo cual perjudica a unos y beneficia a otros. «El puerto tiene una oferta muy variada de locales, hay para todas las edades, por eso algunos se ven más favorecidos que otros con las reformas», apunta Senén.

Llegar hasta el Puerto

Eso es justamente lo que aquejan tiendas dirigidas a un público más joven como la de Pacha, dedicada a su fiesta más mítica, la Flower Power de los martes que ha notado como sus ingresos han disminuido hasta el mismo día de la fiesta. «Hay muchas más familias con niños que no compran aquí. La juventud se va ahora a la zona de discotecas como Platja d’en Bossa con Ushuaïa o al Blue Marlin… sitios con discotecas, restaurantes y tiendas también. Al tenerlo todo allí, no se vienen hasta el Puerto».

«Tenemos claro que ha cambiado el tipo de turismo, antes había más gente joven que salía de fiesta, ahora hay más parejas mayores o con hijos que vienen de paseo. La gente joven se mueve por otras zonas», comenta uno de los camareros de Pizza Loca.

Lo que está claro es que cada empresario tiene unas necesidades diferentes y, mientras unos extrañan a la juventud por la zona, otros prefieren focalizarse en un turismo de mayor calidad aunque sea más reducido. «Sobre todo es a principios de verano y a finales cuando viene un turismo de mayor calidad y que gasta más. En agosto viene siempre mucha gente que no compra tanto y, por eso, no repercute en las ventas. Tenemos que tener cuidado con el tipo de turismo que reclamamos. De hecho, cada vez son más los locales de primera línea que están renovando sus terrazas para ofrecer un mayor nivel al público. El hecho de tener los yates enfrente, también nos beneficia, porque son un reclamo turístico», apunta Senén.

LEER EN EL PERIODICO DE IBIZA

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