El cuatrienio más amargo de los griegos

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Grecia entró en la crisis económica de la mano del partido Nueva Democracia de Karamanlís que había ganado las elecciones apenas un año antes de que estallara la gran depresión mundial. A partir de ese momento, se convirtió en el país que mayores quebraderos de cabeza ha causado a la Unión Europea, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Desde hace cuatro años Grecia ha sido portada de los periódicos por las manifestaciones y huelgas generales que pedían un cambio de gobierno. Este cambio llegó a través de elecciones adelantadas por ser el país europeo que peores cifras económicas registraba. El líder de Nueva Democracia convocó en 2009 las elecciones al no ser capaz de sobrellevar la situación de decadencia por la que atravesaba Grecia.

De esta manera, era Giorgos Papandreou quien tomó el relevo en el gobierno con una mayoría absoluta del 43,94 por ciento de los votos. El PASOK volvía a estar al mando del país heleno tras cinco años de control de la centroderecha.

Sin embargo, con este nuevo gobierno la situación del país no haría más que empeorar. En diciembre de ese mismo año tanto la Bolsa como los bonos griegos se desplomaron y el déficit llegó a dispararse hasta alcanzar la cifra del 13,6 por ciento, la mayor registrada en la Eurozona. De hecho, su nota de calificación descendió desde una ‘A-’ hasta colocarse en ‘BBB+’, siendo la primera vez en diez años que la agencia de calificación Fitch colocaba al país por debajo de la A.

A esas alturas los helenos ya arrastraban una deuda del 113,4 por ciento del PIB, lo que hizo imprescindible un estricto plan de ajuste, impuesto por la Comisión Europea, y que desataría aún más huelgas y manifestaciones populares, que se irían desencadenando a partir del año siguiente.

El 2010 no se perfilaba una situación mejor. De hecho, tras descubrirse que el gobierno anterior había falseado datos financieros, se disparó la alerta del rescate. La Unión Europea estimó un fondo de ayuda de 45.000 millones de euros, que finalmente terminó rondando los 110.000 millones para el periodo 2010-2012, con la participación del FMI. Se convirtió así en el primer rescate financiero de un país miembro de la UE.

Pero esta ayuda no eliminó las huelgas ni tampoco fue capaz de frenar la caída de la Bolsa griega. La política de ahorro no dio sus frutos y el PIB llegó hasta el 15,4 por ciento sobrepasando todas las predicciones. El 2011 continuó por la misma senda que el año anterior y se diseñó un segundo plan de rescate de 130.000 millones de euros que sirvió para reducir a la mitad la deuda griega.

Sin embargo, la respuesta del gobierno, ante el rechazo popular, fue someter a referéndum el duro plan de ajuste que vivían los griegos, algo que alarmó al resto de países miembros, pero finalmente aceptaron someterse a las decisiones tomadas por el BCE, la UE y el FMI para recibir la ayuda. Los seis primeros meses del 2012 tampoco han concedido tregua a un país donde continúan las huelgas, los cambios de gobierno y una situación económica que empeora cada día, y donde la permanencia en la Eurozona está todavía en el aire.

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