El efecto “dominó” de la Primavera Árabe

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Pudo ser por la autoinmolación de un joven tunecino, por la unión de varios egipcios que exigían un cambio político, o por las protestas que se desarrollaron en el Sahara Occidental. No importa si fue en el 2010 o un año más tarde cuando se iniciara el mayor levantamiento del pueblo árabe contra los opresivos regímenes de Oriente Medio.

Lo importante es que la Primavera Árabe, independientemente del lugar o momento en el que naciera, ha unido a varios países, traspasando fronteras e ideologías, para enfrentarse a la injusticia política en pos de la democracia. Sin embargo, no todos los países han logrado aún su objetivo de expulsar al régimen que ocupa el gobierno. Y en el caso de algunos, tampoco eso ha servido para conseguir la paz.

Aunque en los últimos meses son las noticias sobre Siria y Egipto las que copan el protagonismo de estas revueltas, también en otros muchos países, como por ejemplo Líbano, aún continúan los enfrentamientos entre el pueblo y las fuerzas de seguridad.

Fue precisamente en Trípoli donde se produjo un altercado entre los libaneses que apoyan al régimen sirio y los que están contra del mismo. El desenlace dejó doce víctimas mortales y la evidencia de una división cada vez mayor entre los chiíes y el resto de habitantes, en su mayoría suní.

En el lado opuesto, se encuentran ejemplos como el de Túnez, que consiguió, tan sólo un mes después de la inmolación del joven Mohamed Bouazizi, que cayera el Gobierno del mandatario Ben Ali, que se exilió al extranjero junto con su familia.

Éste es uno de los países, entre los que también se encuentran, Argelia, Mauritania, Arabia Saudí o Sudán, donde ha cesado la Primavera Árabe. Pero todavía en otros muchos, los frentes continúan abiertos. Como es el caso de Egipto, donde a pesar de haber conseguido derrocar al mandatario Hosni Mubarak, las protestas del pueblo no abandonan la plaza de Tahrir. La última congregación, precisamente por la condena a cadena perpetua del ex presidente que ha sido trasladado a la prisión de Tora.

En Libia, hace poco menos de un año, se ponía el punto y final a la dictadura que durante cuarenta años había liderado Muamar el Gadafi, que fue capturado y abatido en su refugio de Sirte. Ahora se pretende extraditar a Libia a Al Baghdadi Alí al Mahmudi, que fue el primer ministro durante el gobierno de Gadafi. Desde Amnistía Internacional se pide sin embargo, que esta operación no se lleve a cabo ya que podría “sufrir una detención arbitraria, torturas, malos tratos, ser sujeto a un proceso justo o a una ejecución extrajudicial”. Según palabras de Al Mahmudi, “supondría mi ejecución inmediata”.

Por último, Yemen también figura entre los que consiguieron su propósito de expulsar al dictador, convirtiéndose en uno de los primeros. Pero no por ello vive ahora pacíficamente, ya que continúa su lucha contra otros frentes abiertos como Al Qaeda.

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