Más de 8.000 muertos y 230.000 sirios desplazados en un año de violencia

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En pleno siglo XXI, más de 8.000 muertos, alrededor de 230.000 desplazados, un año cumplido de violencia, y tan sólo una petición por parte de la sociedad: “La dimisión del presidente Bachar El Asad”. Éstas son las cifras que reflejan el calvario de una población que, desde hace meses, sufre la represión continuada por parte de las fuerzas de seguridad de un régimen indestructible.

 

Lo que, sin embargo, no se puede contar es el dolor que los múltiples atentados han causado, tanto en los supervivientes que han visto caer a los suyos, como en un país que desaparece detrás de los escombros. La ironía más grande es que lo que podría haberse resuelto por una vía democrática, se está llevando a cabo por medio de una masacre, que ya ha cumplido su primer aniversario, y que no parece llegar a su fin.

Siria se ha convertido en el centro de la cruenta Primavera Árabe y Bachar El Asad en el peor sanguinario de este siglo, que prefiere ver morir a su pueblo, antes que renunciar a su poder. Lo que muchos países temen es que esta situación de hostilidad llegue a desembocar en una guerra civil dentro del propio país, entre los rebeldes que quieren ver caer el régimen y las tropas al mando del presidente.

Sin embargo, y aunque aún no sea calificada como ‘guerra civil’, qué importa el nombre cuando los efectos de esta masacre están siendo exactamente iguales a los de un conflicto armado entre dos bandos. La diferencia es que aquellos a los que se llama rebeldes abogan por la libertad de su país, y pierden la vida persiguiéndola mientras que el terrorismo tan sólo busca la destrucción.

La conversación internacional sobre Siria

Siria se ha situado en el centro de las conversaciones internacionales, y por eso, no son pocos los países que buscan la manera de ayudar a este pueblo que está muriendo a la vista de todos.

Turquía, el país vecino al que han acudido miles de sirios, está sirviendo como base de las Fuerzas Especiales británicas y francesas, que están entrenando a miembros del ELS (Ejército Libre Sirio). Además, las autoridades turcas han contabilizado al menos un millar de refugiados en sólo un día. Una situación que pone a Turquía en una posición comprometida, al poderse incluso desencadenar una crisis humanitaria similar a la de 1991.

Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU no ha podido tomar parte en el asunto ni condenar a Damasco, por el veto de China y Rusia ante las resoluciones presentadas. Sin embargo, la situación no admite más demora, y por eso, los asesores especiales de la ONU para la Prevención de Genocidios, Francis Deng, y para la Responsabilidad de Proteger, Edward Luck, han solicitado a la comunidad internacional y al Consejo de Seguridad “una acción colectiva inmediata, utilizando todos los instrumentos de que dispone la Carta de Naciones Unidas para proteger a la población de nuevas atrocidades en Siria”.

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