El lado oculto de la ciudad

Fernando Manso es un enamorado de su profesión, la fotografía, y lo demuestra con sus palabras, con sus imágenes e incluso con la definición que se atribuye: “Un cazador de momentos”. Este madrileño tenía una “espina clavada” con su ciudad, ya que “pretendía mostrar un Madrid diferente, no una guía de turismo, sino algo desconocido”. Y lo ha conseguido.

Ha recorrido miles de kilómetros en busca de las instantáneas: “Más de 15.000 -dice- y he trabajado de lunes a domingo porque ni las nubes ni la niebla entienden de horarios”. Y piensa que todo este trabajo ha sido recompensado con la buena acogida que ha tenido. “Hay muchas personas que se sorprenden, ven el sitio de la foto y quieren ir, pero luego a lo mejor van y no lo ven tan mágico o se lo imaginaban de otra manera”.

Cree que esto es debido a que pocas veces ha llegado y ha hecho la foto en el momento. Su trabajo es fruto de muchos días porque “a Madrid hay que buscarla. No es una belleza como la de Venecia“, dice. Y por eso, sólo a base de insistir ha conseguido encontrar “una magia diferente”. “Lo bueno es que hay un potencial muy importante en esta Comunidad, pero hay que coger el momento y la hora ideal para verlo”, afirma.

Su galería fotográfica, que ya se editó en 2008, ha recorrido muchas salas, incluso internacionales -llegando a Moscú-, y ahora se exhibe en el Centro Cultural Federico García Lorca de Rivas Vaciamadrid. Pasará después por otros 12 municipios, entre ellos, Getafe, Villanueva del Pardillo y Rascafría.

A la caza del momento

Aunque esta exposición está abierta a todo el público, reconoce que le emocionan especialmente los comentarios de los madrileños que acuden a verla, del tipo: “No me puedo creer que haya estado tantas veces y no haya visto esto”. Y es que Manso, que también nació en Madrid, declara que muchos lugares le han sorprendido más de lo que imaginaba.

Entre las fotos que más se le han resistido está el Bosque de Finlandia (Rascafría), que lo estuvo observando durante todo el año, esperando a que tuviera el aspecto adecuado para dar la impresión de que era más grande de lo que es. Y es que asegura que ve el lugar y concibe cómo le gustaría que apareciera en las fotos. A partir de ahí, sólo queda buscar el momento.

Aunque no ha sido un trabajo sencillo, al final, todo obtiene su recompensa. La suya viene en forma de 21 imágenes seleccionadas de entre las más de 100 que realizó para envolver al público en los espesos mares de niebla.

 

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