El conflicto político apunta a una nueva recesión mundial

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Estados Unidos se sitúa en el punto de mira de las agencias de crédito. Y es que la incapacidad de alcanzar un acuerdo entre los demócratas y los republicanos sobre la reducción de la deuda norteamericana, está causando perjuicios tanto para la primera potencia mundial como para el resto de economías de otros países, llegando incluso a temerse una crisis política.

Por su parte, Barack Obama ha culpado a los republicanos del fracaso del ‘Supercomité’ del Congreso encargado de llegar a un acuerdo con el recorte del déficit. Pero lo cierto, es que la falta de acuerdo por ambas partes ha contribuido a deteriorar la imagen de Estados Unidos, que ahora parece ingobernable. “Después de meses de duro trabajo e intensas deliberaciones, hemos concluido hoy que no será posible alcanzar un acuerdo bipartidista antes de la fecha límite del comité”, indicaron en un comunicado conjunto, la senadora demócrata Patty Murray y el representante republicano Jeb Hensarling, presidentes del comité.

El fracaso del ‘Supercomité’ se puede explicar por una serie de diferencias políticas y filosóficas, entre demócratas y republicanos, sobre cuestiones económicas y su modelo de sociedad, y las consecuencias, en las que puede derivar, pueden ser extensas y profundas, llegando a afectar tanto a la estabilidad de los mercados como a la inminente campaña electoral norteamericana. Así, por un lado, aumenta el riesgo de una nueva recesión mundial y por el otro, se crea un clima de abierta hostilidad política en la principal potencia internacional.

Los intentos de Obama, quien ha reiterado a los legisladores la necesidad de llegar a un acuerdo, que pasa por dejar de lado el partidismo, no ha servido para reducir el déficit del país. Por eso, ha anunciado que vetará “cualquier esfuerzo por deshacer los recortes automáticos (…) De un modo u otro, el déficit fiscal de EEUU se reducirá en 1,2 billones de dólares”, medida que se aplicará a partir del 2013. Pero que debe asumirse por medio de un “acuerdo equilibrado”.

Estas declaraciones corresponden a minutos después de que comité bipartidista del Congreso reconociera su incapacidad para lograr un acuerdo antes de la fecha límite del miércoles 23 de noviembre.

La deuda estadounidense asciende ya a 15 billones de dólares, y lo que ha provocado un gran aumento de impuestos, que es el principal punto en los debates, ya que mientras que los demócratas opinan que se debe aumentar los impuestos a los más ricos, porque los situaban como fundamentales para un reequilibrio presupuestario basado en “sacrificios compartidos”, los republicanos rechazan esta proposición, así como la subida de los impuestos en general, ya que los consideran improcedentes porque desincentivarían al empresariado.

Un legado conflictivo

Por un lado, están las ventajas fiscales concedidas durante el Gobierno de George Bush que obligarían a todas las familias con ingresos superiores a los 250.000 dólares anuales a pagar más impuestos. Los demócratas quieren eliminar estas exenciones, lo que supondría un fracaso para Obama, y se convertiría en el tema central de la próxima campaña electoral.

Por otro lado, está la reducción del presupuesto militar que se avecina, y que pondría en duda la grandeza de Estados Unidos, tal y como ha advertido el senador Kerry, “los mercados van a mirar hacia Washington y van a decir “ustedes no son capaces de hacer su trabajo”. Solo la confusión política existente y esta parálisis son suficientes para decirle al mundo: “EE UU es incapaz de actuar de forma conjunta”.

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